Estos últimos días ha sido noticia la inesperada salida del armario de Ricky Martin. Y digo lo de “inesperada” porque a estas alturas de la vida nadie habría apostado a que Ricky confesara lo que para muchos ha sido siempre un secreto a voces.Mucho se ha especulado sobre los motivos que han llevado al astro boricua a admitir abiertamente su homosexualidad en su página web. Desde que había sido pillado por algún paparazzi en actitud comprometida con otro hombre y que simplemente se estaba adelantando a lo inevitable a que lo hacía por puro marketing para publicitar su autobiografía, que será lanzada a finales de verano.
Personalmente, y habiendo seguido a Ricky Martin muchos años, creo que ha sido un ejercicio de pura sinceridad con él mismo tras toda una vida negándole al público una parte de su personalidad que supuestamente podía perjudicar su carrera. En una industria, la del entertainment y la imagen, basada única y exclusivamente en lo deseable para el público del producto-persona en cuestión, un gesto como el de Ricky había sido considerado hasta ahora un suicidio comercial.
No recuerdo ahora mismo ningún otro caso de cantante o actor que realmente mueva masas como él –y además, femeninas en su mayoría- que se haya arriesgado dando este paso sin saber qué será de su carrera después. Y personalmente me parece un acto de gran valentía. Quizá Ricky ya no nos resulte creíble cantándole el pasito pa’lante a María o emborrachadito de La Bomba pero probablemente ha animado a más artistas a seguir su gesto y sobre todo ha contribuido a normalizar un poco más la imagen de los homosexuales.
¡Enhorabuena Ricky!
Personalmente, y habiendo seguido a Ricky Martin muchos años, creo que ha sido un ejercicio de pura sinceridad con él mismo tras toda una vida negándole al público una parte de su personalidad que supuestamente podía perjudicar su carrera. En una industria, la del entertainment y la imagen, basada única y exclusivamente en lo deseable para el público del producto-persona en cuestión, un gesto como el de Ricky había sido considerado hasta ahora un suicidio comercial.
No recuerdo ahora mismo ningún otro caso de cantante o actor que realmente mueva masas como él –y además, femeninas en su mayoría- que se haya arriesgado dando este paso sin saber qué será de su carrera después. Y personalmente me parece un acto de gran valentía. Quizá Ricky ya no nos resulte creíble cantándole el pasito pa’lante a María o emborrachadito de La Bomba pero probablemente ha animado a más artistas a seguir su gesto y sobre todo ha contribuido a normalizar un poco más la imagen de los homosexuales.
¡Enhorabuena Ricky!
