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17 de noviembre de 2010

Cine: Eduardo Manostijeras (1990)

Hoy me voy a arriesgar con una entrada más extensa de lo habitual pero es que quiero inaugurar la sección de Cine del blog a lo grande, con una de mis películas favoritas: Eduardo Manostijeras, cuarto largometraje del director Tim Burton. Este filme marcaría el comienzo de una fructífera relación profesional entre el director y el actor principal, Johnny Depp, con el que ha colaborado desde entonces en casi una decena de títulos. Es, además, otra brillante muestra de la extensa colaboración con el compositor Danny Elfman, que ha firmado la música de la mayor parte de las películas de Burton desde 1985. Cabe destacar también que la inclusión en el reparto del veterano actor de películas de terror Vincent Price no fue una casualidad sino un homenaje del propio Burton al que había sido su ídolo durante años. Curiosamente, fue también la última película de Price, que murió en 1993.

En Eduardo Manostijeras se dan cita muchas de las características que se convertirían en recurrentes en la obra de este genial director, como el protagonista solitario que trata de aislarse del exterior entre las paredes de su hogar (Batman, Charlie y la fábrica de chocolate), la atmósfera gótica y misteriosa (Sleepy Hollow, Sweeney Todd), el enfrentamiento entre dos mundos opuestos (Beetlejuice, La novia cadáver) y el desarrollo de la acción en época navideña (Batman returns, Pesadilla antes de Navidad).

La historia comienza siendo narrada a modo de cuento por una anciana que le explica a su nieta de dónde viene la nieve, situando los hechos décadas atrás en torno al día de Navidad en un típico barrio residencial norteamericano de clase media. En aquella comunidad vive Peg Boggs (Dianne Weist), una agradable ama de casa y madre de familia que dedica parte de su tiempo a vender cosméticos de la firma Avon a domicilio. Tras un mal día en el que no consigue endosar ninguno de sus productos a sus vecinas, decide probar suerte con la única casa que aún no ha visitado, la mansión aparentemente abandonada de la colina.


Tras adentrarse en la propiedad, descubre un bellísimo jardín romántico perfectamente cuidado que le confirma la presencia de algún habitante en la misteriosa casa en ruinas. Allí descubre a Edward (Johnny Depp), un joven solitario de aspecto desaliñado, piel pálida y andares casi robóticos que no ha tenido contacto con el mundo exterior desde que fuera creado por un anciano inventor (Vincent Price) que fue transformándolo poco a poco de máquina en humano y que murió antes de completar su obra, dejándolo con tijeras en lugar de manos. Peg no duda en llevarse a Edward a su propia casa, tratando de integrarlo en su propia familia.

En seguida se despierta una gran curiosidad en el vecindario de los Boggs, que se siente fuertemente atraído por el misterioso joven acogido por la familia. Todos quieren conocer a Edward y éste compensa su casi total carencia de habilidades sociales con estos nuevos amigos mediante unas dotes extraordinarias para la jardinería y peluquería, que lo terminan convirtiendo en el vecino más solicitado y deseado de la pequeña población. Sin embargo, este ascenso social es efímero tras ser descubierto intentando robar en una de las casas del barrio, inducido por Kim (Winona Ryder) -hija de Pegg y de la que está profundamente enamorado- y Jim -el novio de ésta-. Edward es detenido y encarcelado, lo cual marca el comienzo de su descenso y repudio.


La historia, como no podía ser de otra manera, termina con el joven Edward siendo totalmente rechazado por las mismas personas que poco antes le habían encumbrado. La situación le obliga a huir, refugiándose nuevamente en el único hogar al que siempre ha pertenecido, la mansión en ruinas de la colina. Hasta allí es perseguido por los habitantes del pueblo, como si de una caza de brujas medieval se tratase. Mientras tanto Jim y Kim se adelantan, él para tratar de matarlo y ella para protegerle. Tras una corta lucha entre los pretendientes masculinos, Edward mata a Jim para defender a Kim, y lo arroja por una ventana. Aunque Kim finalmente confiesa su amor a Edward, termina abandonándole y hace creer al pueblo que ha fallecido también en la pelea.

Pese a lo aparentemente poco habitual de la historia, el argumento de la película no es ni mucho menos original. El tema de la creación de la vida a partir de algo inerte ya había sido tratado desde la antigüedad en la historia del titán Prometeo que recoge la Biblioteca mitológica, según la cuál éste creó a los hombres modelándolos con barro. También es evidente la analogía con el Adán de la Biblia, que trasladada a la película nos pudiera transmitir la idea de una humanidad malvada -encarnada por el viejo inventor- jugando a ser Dios. Sin embargo la historia de Eduardo Manostijeras bebe, sobre todo, de las fuentes de la popular novela gótica Frankenstein, de Mary Shelley (1818). Ambas coinciden en la figura del viejo inventor -médico, en el caso de Frankenstein-, el protagonista humanoide, el rechazo de la sociedad hacia un ser que nunca llegan a ver como semejante y en un final trágico -con asesinato de por medio- en el que la criatura termina sola.


También existe un gran paralelismo con otra novela gótica, Nuestra Señora de París (1831), más conocida como El jorobado de Notre Dame. En esta obra el protagonista es un joven campanero sordo y deformado -un ser diferente, como Edward- cuya vida transcurre entre los viejos muros góticos de una catedral -mansión, en el caso de Edward- que es inducido por un ser querido a cometer un acto delictivo por el que es descubierto y que termina sufriendo la condena y escarnio de la población. Elementos, todos, que se dan en esta película de Tim Burton.

Pero la película no se inspira únicamente en las novelas góticas, sino que también es reflejo de obras que aunque no fueron dirigidas en principio al público infantil terminarían siendo clásicos para los niños, como Pinocho o La bella y la bestia. Es particularmente llamativa la inspiración en la primera, pues Pinocho -personaje creado por Carlo Collodi en 1882- es un muñeco de madera al que su creador quiere como un hijo, por lo que trata de darle vida. Y al igual que Pinocho, Eduardo termina apartándose del camino correcto, cometiendo un delito por el que es encarcelado.

Las referencias a La bella y la bestia no son tanto al cuento tradicional europeo del siglo XVIII como a la adaptación cinematográfica que el director Jean Cocteau llevó a la gran pantalla en 1945. En la versión original no existía el pretendiente malvado de Bella que el cineasta francés creó en los años 40 para la ocasión, y que encuentra su parangón en en esta película de Burton en la figura de Jim. Casualmente, en las mismas fechas del rodaje de Eduardo Manostijeras, la compañía de animación Disney creó una nueva versión del clásico La bella y la bestia, estrenada meses después que la cinta de Tim Burton. Y nuevamente encontramos elementos comunes entre ambos largometrajes, como la marcha del pueblo enfurecido contra la bestia -o contra Eduardo- y el citado pretendiente maligno de la protagonista femenina. Aún más sorprendente es la similitud del final de estos dos malvados aspirantes al amor de las jóvenes en las dos películas, pues ambos mueren precipitándose al vacío desde las fachadas de las casas de sus antagonistas.

Dejando a un lado los paralelismos y fuentes de inspiración de la película, Eduardo Manostijeras hace especial hincapié en el fuerte choque que se produce entre el mundo "normal" y falsamente idílico -representado por unos vecinos amables pero de oscuras intenciones y por el artificial barrio de tonos pastel- con la inocencia y altruismo del joven protagonista que, pese a tener unos valores y aptitudes superiores, no consigue encontrar su lugar simplemente por no ser igual a ellos. Este magnífico filme de Tim Burton queda, en definitiva, como una velada pero profunda reflexión sobre el rechazo de la sociedad a lo que es diferente.
miércoles, noviembre 17, 2010