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7 de diciembre de 2010

Vuelvo al trabajo pero no a casa

Hace más de una semana que no actualizo el blog, algo raro en mí. Pero es que apenas he tenido tiempo últimamente porque he comenzado a trabajar en una tienda después de casi medio año en el paro. Aunque parezca increíble desde que salí en mayo del Tijeretazo apenas he tenido ofertas de trabajo mínimamente interesantes. Eso sí, he perdido la cuenta de las llamadas que he recibido ofreciéndome puestos de comercial de los productos más variopintos. Pero qué queréis que os diga, no me ilusiona especialmente tener que patearme las calles vendiendo porquería a cualquier incauto, darme de alta como autónomo, no tener sueldo fijo y hacer más kilómetros que un corredor de maratón.

Y sí, ya sé que prometí a lo Scarlett O’Hara que jamás volvería a trabajar en una tienda, pero no me ha quedado más remedio. Era eso o comer aire. Además estoy bastante contento porque es un trabajo fácil al que me he adaptado muy bien y en el que, aparentemente, no hay mal ambiente. No tiene nada que ver con mis estudios universitarios pero no me llevo preocupaciones a casa y también me ha hecho descubrir que tengo una faceta comercial más desarrollada de lo que creía. Y es que uno de los objetivos que estoy cumpliendo es hacer que cualquier cliente no se vaya de vacío, aunque sólo esté echando un vistazo o venga a por algo que está agotado o que simplemente nunca hemos tenido.

Realmente este trabajo en el que estoy ahora no es el primer puesto en tienda que me ofrecen, he rechazado alguna que otra oferta como la que me hicieron unas semanas antes en una cadena de de ropa masculina bastante conocida. Me ofrecían contrato indefinido desde el principio pero era simplemente para trabajar 12 horas los fines de semana, cobrando unos 250 euros al mes. Os podéis imaginar que con una cantidad tan ridícula no se subsiste, y mucho menos en Madrid…

Pero el motivo de mi rechazo no fue la cuestión económica. Ya desde el principio me pareció extraño que no se encargaran ellos de darme un uniforme a mi medida, que no era otra cosa que un simple traje de caballero. Me ofrecieron uno cuyo coste de arreglo -de 60 euros- tuve que poner de mi propio bolsillo. También quisieron venderme la moto de unas ganancias por comisiones que en la práctica brillaban por su ausencia. Pero el remate fue que pretendieron que comenzara a trabajar sin tener nada firmado, diciéndome “ya firmarás el próximo fin de semana o el siguiente”. Pues no, señores.

A estas alturas de la vida, con ocho años a mis espaldas defendiéndome solo en Madrid y después de haber pasado por trabajos tan diferentes como cajero-reponedor de supermercado, camarero ocasional, mozo de almacén o vendedor en un centro comercial, sé que hay cosas en las que no me pueden engañar como a un chaval de 18 años. Y me las veo y me las deseo para llegar a fin de mes como cualquiera, pero no por eso voy a pasar por el aro de una empresa cutre que quiera torearme haciéndome trabajar en condiciones irregulares. Antes de aceptar un trabajo como ese me como una mierda de perro.

Volviendo a mi trabajo actual... me toca currar practicamente todo el mes de diciembre sin descanso. Ya sabéis que las tiendas abren incluso los domingos en estas fechas. Y después vendrán las rebajas, que serán un caos. Veo poco probable que me den algún día libre completo para poder ir a casa por Navidad, como El Almendro. Y así poder cenar con mi familia, ver Badajoz con luces navideñas y recordar aquellos lejanos años de mi infancia en que me acercaba con mis padres y mis tíos a ver el portal de Belén que instalaban en Puerta de Palmas. Pero lo voy a pedir, por mí que no quede. Deseadme suerte.
martes, diciembre 07, 2010