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28 de junio de 2010

Hasta pronto, peine

Tengo que contaros algo… ¡me he rapado la cabeza! Mi aspecto es bastante lamentable pero no me ha quedado otro remedio porque tenía el pelo más quemado que el cenicero de un bingo. Tanta gomina, cera, espuma y derivados a diario pasa factura… De hecho el pelo estropajo es una de las enfermedades profesionales reconocidas de los que como yo, hemos sido chicos-objeto-cara-al-público.

Mi madre habría alucinado si me hubiese visto pasándome la afeitadora por la azotea. No puedo evitar acordarme de aquella vez en mi más tierna infancia que me llevó a la peluquería de Maruja, en el barrio de la estación en Badajoz, y salí gritando “¡mi pelooooo! ¡quiero mi peloooo! ¡que me lo peguennnn!". Me tuvieron que sacar a rastras ja, ja, ja. Y es que yo pensaba que sin flequillo no era persona. Y aquí me tenéis ahora, ahorrando en champús y rindiendo tributo a la petarda de Britney Spears en su etapa más esquizo.

Como el pelo va a tardar en volver a ser lo que era he decidido intentar mejorar el resto, por aquello de compensar… Así que voy a pegarme una buena tunda de ejercicio y dieta este verano, a ver si consigo darle forma a esta amalgama de flacideces y minimúsculos. ¡Prometo poner fotos del antes y después, como en la Men’s Health!
lunes, junio 28, 2010